- Ana Cecilia Blum (Guayaquil, 1972), en "Lejos de los trópicos", aparece como una de las voces fundamentales de la lírica femenina de hoy. Sus textos, tanto los que nos muestran conflictos íntimos, como esa antítesis de fragilidad/energía: "Y SI HAY ALGO QUEBRADO/ no soy yo…/aun estoy entera/ me sostengo"; cuanto los que hablan de cuestiones colectivas: "donde las brújulas te lleven/ unas penas te acompañan"; se construyen con admirable fuerza expresiva y con un gran sentido de la economía, que caracteriza a la mejor poesía actual.
El drama del desarraigo produce conmovedoras piezas poéticas, en una escritura discreta, pero brillante; así, La que se fue: "Camina en otras calles/ sucumbe en otra lengua/ Lejos de su casa/ escoltada por el anonimato, con la alforja vacía de país y herencia/ asiste/ al velatorio del espejismo".
Habría tanto que decir sobre la desnuda tragedia que encierran estos versos, pero ya lo harán los críticos en su oportunidad.
(Jorge Dávila Vázquez)

 

- La composición rítmica y sólo en apariencia sencilla de Ana Cecilia Blum permite al lector relacionar la lectura con la tradición de mujeres poetas latinoamericanas del siglo XX, desde Delmira Agustini hasta Juana de Ibarbourou, pasando por Gabriela Mistral y Alfonsina Storni. Su “grito en veladura” advierte de la renovación de esa tradición en el siglo recién inaugurado.
(Rafael Courtoisie)

 

***************

 

¿Cuáles son las motivaciones que te llevaron a escoger los poemas que seleccionaste para LA VOZ HABITADA?

En mi sección de "la voz habitada" hay tres grupos de poemas. El primero representa mi más reciente etapa: "la que se fue", textos que hablan sobre el desarraigo y las distancias. El segundo es parte de una pequeña y muy íntima producción de edición digital: "donde duerme el sueño"; y la tercera y última muestra corresponde a mi primer libro: "descanso sobre mi sombra". Entonces puedo decir que aquello que me llevó a escoger estos textos fue mi deseo de mostrar -acaso- una suerte de retrospectiva de lo que he escrito hasta hoy y desde que empecé a hacerlo de una manera más profesional, por así decirlo.

¿Cómo empezaste a escribir y cuándo se dio el paso de principiante a trabajar de manera formal tus textos?

La literatura había crecido conmigo entre duendes, hadas y rimas infantiles, pero su esencia y su poder fueron imperceptibles hasta los doce años, cuando en forma de poema llegó y develó su ímpetu. Desde entonces andamos juntas. Sin embargo no fue sino hasta los veinte cuando entré a los talleres literarios de la Casa de la Cultura Núcleo del Guayas en los cuales empecé a trabajar mis poemas de manera formal, allí no aprendí necesariamente a escribir sino dos cosas importantísimas: reconocer cuando un texto vale la pena ser salvado y cuando se necesita cortarle los brazos -sin penas ni remordimientos-.

¿Qué temas trabajas con mayor frecuencia en tu poesía?

En mis primeros "poemitas", los que nunca publicaré y espero que mi abuela ya los haya quemado, trabajé mucho el romanticismo juvenil, textos llenos de lugares comunes y lloriqueos románticos. Ya después empecé a explorar la poesía erótica y sensual, especialmente un erotismo vinculado con la naturaleza. En mi segundo libro, recientemente editado por "el ángel", exploro temas que hablan del ser errante, solitario, extranjero, incierto en otras tierras. Y por ahora estoy merodeando los temas espirituales, de búsqueda y trabajo interno que permitan lograr el encuentro con un yo superior.

¿Qué necesitas para escribir un poema?

Antes, de todo; ahora casi nada. Antes debía tener música clásica, soledad, silencio nocturno, inspiración, máquina de escribir etc.,etc.,... Ahora solamente la determinación de crear, con computadora o sin ella, con música o no, entre el ruido y las rutinas diarias, no importa, si quiero escribir, escribo.

¿Qué consideras que los siete autores de este libro tienen en común y qué de diferente para juntarse en un proyecto conjunto?

De común la poesía y el hecho generacional por supuesto; y de diferente nuestras vivencias, nuestras vidas mismas, lo que somos y lo que pensamos, que al final del día determinan nuestra escritura.

 

(Entrevista por Lucia Lemos a Ana Cecilia Blum, 2008)

 

Ana Cecilia Blum

 

 

SELECCIÓN POÉTICA

 

Y SI HAY ALGO QUEBRADO

no soy yo

es la tarde
la noche
las mañanas
los caminos
el tiempo

aún estoy entera
me sostengo
me soporto
si apenitas me riego
me colecto

¿O soy yo?

 

LA QUE SE FUE

Camina en otras calles.
Sucumbe en otra lengua.

Lejos de su casa,
escoltada por el anonimato,
con la alforja vacía de país y herencia
asiste
al velatorio del espejismo.

Entre los monumentos de la muerte
ha olvidado
de qué savia está hecha su sangre,
de qué oficio se yerguen sus huesos.

No quiso retornar cuando pudo,
es tarde
para alcanzar las carabelas.

Lo que dejó
se lo comió el apetito de la ausencia.

Volver al mismo mar
es volver al desencuentro.

 

PERDIDA

Ante los designios de otras latitudes,
con una angustia preñada de fríos,

como libro echado al viento
salvaje del desierto,

como lago congelado que llora
abrazado de la luna,

buscando
mi nombre
en la cartografía cósmica de este hemisferio.

 

RENUENTES

Ellos conservan
el rumbo de la costumbre.

Me han contado que salen
a las horas de siempre.

Por las mañanas al trabajo,
retornan, hacen la siesta
y se apuran a buscar atardeceres.

Suben,
bajan de los buses,
atienden conciertos,
cines, recitales.

Se sientan en algún café,
sacan la pluma,
conciben los hijos de las calles.

Pobrecitos mis zapatos viejos

ellos aún no entienden
que me he marchado.

 

DESPUÉS DEL OCASO

Cuídate de la noche,

no te le acerques demasiado
es capaz de capturar tu aliento
en su cueva de roca negra.

Cuídate de la noche,

nunca la mires de frente
sus mil ojos con pupilas de asterisco
quieren encantar cada uno de tus pasos.

Cuídate de la noche,

ella va a enamorarte y tú vas a sufrir
porque no podrás entender su corazón blanco:
se achica, se agranda, se redondea, se esconde, se eclipsa.

Cuídate de la noche...

 

EL AGUACERO

Con la piel de la frescura
-en medio de la pampa-
hasta la culebra sonríe,
ella que juró no creer en dios,
después de la lluvia, ya cree.

Sin embargo,
la precisión del sol arriba
y todo lo seca, tan rápidamente.

La pampa es la pampa otra vez,
ardiente.

La culebra es la culebra otra vez,
atea.

 Portada | Directorio | Galería