- Julia Erazo Delgado (Quito, 1972), reúne una serie de composiciones sutilmente ligadas a lo onírico. "Tréboles de cuatro hojas ascienden al cielo/ arropan mi cuerpo desnudo", por ejemplo, es una expresión que recuerda esos cuadros surrealistas en que lo humano y lo natural se fusionan de modo sorprendente. La realidad, sin embargo, penetra en ese mundo de los sueños y lo parte como un rayo, cuando la poeta evoca, enternecida, la muerte de su pequeño hijo: "no estas…/ aspiro tu aliento/ guardo la flor del baobab".
Si, mas allá del arte y sus exigencias de pureza y elaboración, el dolor motiva algunos estremecidos y bellos momentos de esta poesía tachonada de rasgos surrealistas. Así, su Josué, ido para siempre, es "moneda de agua" que "se escapa/ mas regresa en tardes de lluvia y de llanto".
Diríamos que la evidencia de las lagrimas es más fuerte que cualquier género de canon.
(Jorge Dávila Vázquez)

 

- La percepción sensorial elaborada, el culto de lo sinestésico crea en Julia Erazo Delgado una atmósfera de palabras que evocan un mundo autoabastecido y leve en el sentido que dio a este concepto Italo Calvino en su fundamental ensayo "Sei proposti per il próximo milenio".
(Rafael Courtoisie)

 

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¿Cuáles son las motivaciones que te llevaron a escoger los poemas que seleccionaste para LA VOZ HABITADA?

La VOZ HABITADA me encontró en una época de trabajo previo a la publicación del libro VERBAL que está próximo a salir, por lo que en ese momento iban saliendo algunos textos con los que iba quedando a gusto como cuando se compra el pan recién salido del horno y es un placer disfrutar de su sabor y demás sensaciones que ocurren durante el proceso de tomar café. Como VERBAL es mi primer libro individual -pues mi trabajo solo ha aparecido en textos colectivos- entonces tuve que dividir el material según la temática en un par de ocasiones, según la época en la que fueron escritos y, sobre todo, según el espíritu de los poemas. Resultado de ello se fueron configurando cinco posibles libros. Fui trabajando los poemas pensando a veces que pertenecía a alguno de esos libros y, sin embargo, al quedar terminado me daba cuenta de que no se correspondía con él así que le ubicaba en otra casa. Finalmente para la VOZ HABITADA intenté escoger textos de cada uno con el fin de que se convierta en una muestra de mi poética. Por ello la titulé TINTAS SOBRE FONDO NEGRO porque pertenecen a varios momentos, se podría decir que se trata de varios colores que en conjunto forman el negro de una diversidad de sensaciones.

¿Cómo empezaste a escribir y cuándo se dio el paso de principiante a trabajar de manera formal tus textos?

Desde muy temprana edad disfruté siempre de la lectura de cuentos como motivación para hacer alguna tarea encomendada que implicaba responsabilidad o esfuerzo, como por ejemplo comer. Mi mamá me premiaba leyéndome cuentos y también me los compraba a la salida del teatro Alhambra donde en esos años se daban funciones regulares de los clásicos infantiles. Creo que así empezó mi gusto por la literatura. Más tarde en la época escolar siempre tuve las mejores notas en lenguaje y también en language por ser un colegio bilingüe. Mi mamá siempre me contó que escribía poemas y me decía con tono autoritario que yo también debía intentarlo. Quizá ese tono determinó una corta demora en ello, pero en la clase de literatura, Neruda, los Decapitados, los vanguardistas, los parnasianos y simbolistas me devolvieron la curiosidad y el deseo por la expresión escrita. Cuando me enseñaron las figuras literarias y los tropos descubrí la palabra como objeto y el juego con el con el significado, con el sonido, con el símbolo. Lo maravilloso fue descubrir que lo podía hacer sin dificultad, disfrutando del juego. Entonces en los primeros años de universidad pude añadirle la sensación, la emoción, lo sensorial, lo sentimental y empecé a tomar el juego en serio, sobre todo, cuando me encontré con personas extrañas como yo que pasaban horas escribiendo poemas. Con ellos me fugaba de clases para compartir lo que había escrito el día anterior.

¿Qué temas trabajas con mayor frecuencia en tu poesía?

Me gusta mucho la relación con el agua. No es un tema, pero sí un vértice desde el cual saltar a los temas de todos los tiempos. La muerte es un tema que he logrado traducir mejor, quizá porque la he experimentado hondamente varias veces en la vida. La soledad también es un puerto desde el que parto con placer y con mucha facilidad, el silencio-soledad, la oscuridad-soledad incluso el amor-soledad. El amor creo que es el tema menos logrado en mis textos. La indagación del ser me genera mucha curiosidad y un deseo de búsqueda constante, el cosmos, su misterio, su perfección, la perfección de la imperfección.

¿Qué necesitas para escribir un poema?

Necesito que sea de noche, que suene un poco el universo no los carros, no las ambulancias, no la velocidad de las responsabilidades diarias, sino las ranas, la lluvia, la luna en las hondas de un charco, el movimiento de su luz. También debo tener una inquietud interior, un hallazgo que aparece o que se va configurando en algún momento del día o de la noche –a veces sueño algo y aunque no me acuerdo al día siguiente me deja una sensación-. Antes necesitaba estar semirecostada bajo cobijas con un par de almohadones en la espalda, una libreta y algo que sirva para escribir. Eso fue muy complicado de mantener después de casarme y tener hijos así que tuve que cambiar ese gusto por el de sentarme delante de un frío escritorio con una cobija mullida envuelta en las piernas y otra en la espalda y, también, tener una computadora en frente que con el tiempo he aprendido a querer y a necesitar como una pastilla para la diabetes.

¿Qué consideras que los siete autores de este libro tienen en común y qué de diferente para juntarse en un proyecto conjunto?

Pienso que todos hemos trabajado lo poético desde la sinceridad, reconociéndonos en medio de la construcción, reconstrucción y, a veces, destrucción de nosotros mismos a la hora de ser juez y parte del universo que nos tocó vivir, de la vida, de la experiencia, de la aventura, del mismo trabajo, del placer, del silencio, de las voces, incluso las habitadas. Creo el hecho de nacer en un mismo período casi en un mismo año y en un mismo espacio nos ha hecho cómplices de ese particular período de la historia, de la música, de la moda, de los amigos en común. Creo que todos tenemos un espíritu noble, inclinado bastante a compartir y a relajarse en la amistad con un par de copas de más. Lo que nos diferencia la sazón que cada uno le pone a la salsa.

 

(Entrevista por Lucia Lemos a Julia Erazo Delgado, 2008)

 

Julia Erazo

 

SELECCIÓN POÉTICA

 

rotación

quema el corazón
hiela sobre la tierra

la tierra demanda un corazón
se eleva

el corazón es de luz

amanece

desnudez perfecta
feliz

 

néctar

el temor se enreda en los brazos del naranjo
se crispa entre sus ramas

un joven colibrí clama por alimento

entre estambres y pistilos
una historia de aguaceros y tornados

el ave se abre paso
entra resbala vence es vencido
desata olas de rocío

la brisa se incorpora para saludarle
plumas azules baten su cuerpo

alcanza el néctar

 

fugazmente

hoy seré lo que soy desde que he sido

he sido
quizá
hace siglos

quizá
hace nada

quizá
en el fondo de un pantano
que no es tiempo
que no es el espacio donde habito

fugazmente te encuentro
contigo hablo
niño a niño

como el agua entre tu cuerpo
cuando llueve

o mi boca con tus labios
cuando hay beso

es inútil pronunciar este misterio
que es lo simple o lo divino
o una de las nadas que tenemos

 

sueño

un hombre una nube un caballo
una cadena de ojos
el aire una serpiente adormecida entre sus labios

una ronda en los valles del sueño

vagan por el horizonte
forman un arco en la madrugada
acaso una manada

venas anaranjadas surcan la montaña
la erupción alcanza al hombre a la nube al caballo

el hombre despierta

una jornada exangüe le espera silenciosa

 

juntos

agradecía a todo lo que en aquel momento vivía en mi ánimo:
al reflejo rosado de las tejas, a las hierbas salvajes, al pueblo
Marcel Proust

traza el día sus dibujos cotidianos
un árbol una telaraña de plata entre sus hojas

los dos desde un lado distinto de la vida
miramos el horizonte

uno
dibujado sobre un mar de zanahorias

otro
poblado de murciélagos que parten a la caza

antónimos frente al universo
juntos en el instante compartido
tréboles de cuatro hojas

 

tréboles de cuatro hojas ascienden al cielo

arropan mi cuerpo desnudo
lo guarecen de la lluvia de las tormentas solares

alguien dice mi nombre me llama a través del bosque

pero yo he dejado todas mis pertenencias olvidadas
para sufrir la vida de los árboles
para clavar mis raíces como dedos sedientos buscando otras manos

solo los tréboles de cuatro hojas pueden ascender al cielo
trepar por mi cuerpo desnudo
cubrirlo guarecerlo dejarlo ser sin nombre

el bosque productor de ecos distantes se calla

 

aroma

a Josué, recuerdo de agua

ocurren las horas los días
una tormenta
el hambre la sed

no estás

sabanas africanas
la aurora el ocaso

una leona
tras una cálida presa

aspiro tu aliento
guardo la flor del baobab

a pesar de las sombras
la caza se consuma

 

axioma

Y lo que veo a cada insante es aquello que nunca había visto
Alberto Caeiro

la niña hurga entre las flores

vierte sobre la tierra
serpentinas de gracias
de insólitos compases

tan insólitos

como los cosquilleos
y tremores del suelo

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