
![]() - Julia
Erazo Delgado (Quito, 1972), reúne una serie de composiciones
sutilmente ligadas a lo onírico. "Tréboles
de cuatro hojas ascienden al cielo/ arropan mi cuerpo desnudo",
por ejemplo, es una expresión que recuerda esos cuadros
surrealistas en que lo humano y lo natural se fusionan de modo
sorprendente. La realidad, sin embargo, penetra en ese mundo
de los sueños y lo parte como un rayo, cuando la poeta
evoca, enternecida, la muerte de su pequeño hijo: "no
estas
/ aspiro tu aliento/ guardo la flor del baobab".
- La percepción
sensorial elaborada, el culto de lo sinestésico crea en
Julia Erazo Delgado una atmósfera de palabras que evocan
un mundo autoabastecido y leve en el sentido que dio a este concepto
Italo Calvino en su fundamental ensayo "Sei proposti per
il próximo milenio".
¿Cuáles son las motivaciones que te llevaron a escoger los poemas que seleccionaste para LA VOZ HABITADA?
¿Cómo empezaste a escribir y cuándo se dio el paso de principiante a trabajar de manera formal tus textos? Desde muy temprana edad disfruté siempre de la lectura de cuentos como motivación para hacer alguna tarea encomendada que implicaba responsabilidad o esfuerzo, como por ejemplo comer. Mi mamá me premiaba leyéndome cuentos y también me los compraba a la salida del teatro Alhambra donde en esos años se daban funciones regulares de los clásicos infantiles. Creo que así empezó mi gusto por la literatura. Más tarde en la época escolar siempre tuve las mejores notas en lenguaje y también en language por ser un colegio bilingüe. Mi mamá siempre me contó que escribía poemas y me decía con tono autoritario que yo también debía intentarlo. Quizá ese tono determinó una corta demora en ello, pero en la clase de literatura, Neruda, los Decapitados, los vanguardistas, los parnasianos y simbolistas me devolvieron la curiosidad y el deseo por la expresión escrita. Cuando me enseñaron las figuras literarias y los tropos descubrí la palabra como objeto y el juego con el con el significado, con el sonido, con el símbolo. Lo maravilloso fue descubrir que lo podía hacer sin dificultad, disfrutando del juego. Entonces en los primeros años de universidad pude añadirle la sensación, la emoción, lo sensorial, lo sentimental y empecé a tomar el juego en serio, sobre todo, cuando me encontré con personas extrañas como yo que pasaban horas escribiendo poemas. Con ellos me fugaba de clases para compartir lo que había escrito el día anterior. ¿Qué temas trabajas con mayor frecuencia en tu poesía? Me gusta mucho la relación con el agua. No es un tema, pero sí un vértice desde el cual saltar a los temas de todos los tiempos. La muerte es un tema que he logrado traducir mejor, quizá porque la he experimentado hondamente varias veces en la vida. La soledad también es un puerto desde el que parto con placer y con mucha facilidad, el silencio-soledad, la oscuridad-soledad incluso el amor-soledad. El amor creo que es el tema menos logrado en mis textos. La indagación del ser me genera mucha curiosidad y un deseo de búsqueda constante, el cosmos, su misterio, su perfección, la perfección de la imperfección. ¿Qué necesitas para escribir un poema? Necesito que sea de noche, que suene un poco el universo no los carros, no las ambulancias, no la velocidad de las responsabilidades diarias, sino las ranas, la lluvia, la luna en las hondas de un charco, el movimiento de su luz. También debo tener una inquietud interior, un hallazgo que aparece o que se va configurando en algún momento del día o de la noche a veces sueño algo y aunque no me acuerdo al día siguiente me deja una sensación-. Antes necesitaba estar semirecostada bajo cobijas con un par de almohadones en la espalda, una libreta y algo que sirva para escribir. Eso fue muy complicado de mantener después de casarme y tener hijos así que tuve que cambiar ese gusto por el de sentarme delante de un frío escritorio con una cobija mullida envuelta en las piernas y otra en la espalda y, también, tener una computadora en frente que con el tiempo he aprendido a querer y a necesitar como una pastilla para la diabetes. ¿Qué consideras que los siete autores de este libro tienen en común y qué de diferente para juntarse en un proyecto conjunto? Pienso que todos hemos trabajado lo poético desde la sinceridad, reconociéndonos en medio de la construcción, reconstrucción y, a veces, destrucción de nosotros mismos a la hora de ser juez y parte del universo que nos tocó vivir, de la vida, de la experiencia, de la aventura, del mismo trabajo, del placer, del silencio, de las voces, incluso las habitadas. Creo el hecho de nacer en un mismo período casi en un mismo año y en un mismo espacio nos ha hecho cómplices de ese particular período de la historia, de la música, de la moda, de los amigos en común. Creo que todos tenemos un espíritu noble, inclinado bastante a compartir y a relajarse en la amistad con un par de copas de más. Lo que nos diferencia la sazón que cada uno le pone a la salsa.
(Entrevista por Lucia Lemos a Julia Erazo Delgado, 2008) |
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rotación quema el corazón la tierra demanda un corazón el corazón es de luz amanece desnudez perfecta
néctar el temor se enreda en los
brazos del naranjo un joven colibrí clama por alimento entre estambres y pistilos el ave se abre paso la brisa se incorpora para
saludarle alcanza el néctar
fugazmente hoy seré lo que soy desde que he sido he sido quizá quizá fugazmente te encuentro como el agua entre tu cuerpo o mi boca con tus labios es inútil pronunciar
este misterio
sueño un hombre una nube un caballo una ronda en los valles del sueño vagan por el horizonte venas anaranjadas surcan la
montaña el hombre despierta una jornada exangüe le espera silenciosa
juntos agradecía a todo lo
que en aquel momento vivía en mi ánimo: traza el día sus dibujos
cotidianos los dos desde un lado distinto
de la vida uno otro antónimos frente al
universo
tréboles de cuatro hojas ascienden al cielo arropan mi cuerpo desnudo alguien dice mi nombre me llama a través del bosque pero yo he dejado todas mis
pertenencias olvidadas solo los tréboles de
cuatro hojas pueden ascender al cielo el bosque productor de ecos distantes se calla
aroma a Josué, recuerdo de agua ocurren las horas los días no estás sabanas africanas una leona aspiro tu aliento a pesar de las sombras
axioma Y lo que veo a cada insante
es aquello que nunca había visto la niña hurga entre las flores vierte sobre la tierra tan insólitos como los cosquilleos |
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