- Maríaluz Albuja Bayas (Quito, 1972), en el pórtico de su sección, llamada "Huella en la tierra", proclama como una especie de poética: "ser siempre búsqueda", y en su continua indagación en pos de un receptor imaginario o real, parece a ratos monologar sobre las esencias de lo poético: "enciende tu luz", "serás nada en la sombra", "Pude haber sido Ulises, Helena, Juan Bautista". Los dramas íntimos de la poeta, su búsqueda de la claridad, su sentimiento de aniquilación, su sentido de universalidad emergen en sus composiciones.
(Jorge Dávila Vázquez)

- ... una desgarrada intensidad en Marialuz Albuja Bayas. Ecos de Paul Celan y del español Valente pueden advertirse en la exactitud de uno de sus contundentes versos:
"Detén la insistencia de las palabras". (Rafael Courtoisie)

 

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¿Cuáles son las motivaciones que te llevaron a escoger los poemas que seleccionaste para LA VOZ HABITADA?

Ofrecer una muestra de lo que más me ha gustado de cada uno de mis libros, desde el “embrión” titulado Las naranjas y el mar, hasta algunos de mis textos inéditos, que pronto saldrán publicados en La pendiente imposible. Quería darle validez a cada etapa creativa, respetando las diferencias en la madurez y profundidad de los textos. Creo que cada persona es capaz de producir –en su momento- lo mejor de sí, gracias a todo lo que escribió en el pasado. Hay que amar cada una de nuestras edades.

¿Cómo empezaste a escribir y cuándo se dio el paso de principiante a trabajar de manera formal tus textos?

Empecé a escribir desde pequeña, cuando comencé a sentirme embelesada por la naturaleza y arropada por la presencia de Dios, que era algo casi siempre intuido y, en ocasiones, evidente. Escribí mis primeros poemas a los 10 años, más o menos. Seguí siendo amante apasionada de la escritura, pero sin un trabajo formal, hasta los 22. Después, cuando terminé la universidad y vinieron los viajes, me di cuenta de que realmente quería ser escritora. Me puse a trabajar con exigencia, a desechar todo aquello que no me gustaba y, poco a poco, fui conociendo a poetas que han sido fundamentales en mi vida, como Xavier Oquendo, que me impulsó a publicar mi segundo libro y que siempre me ha motivado a seguir adelante. Él me introdujo en el “mundanal ruido de los poetas”, pues antes de eso, conocía a muy pocos de ellos. Ulises Estrella, muy crítico y, a la vez, alentador, fue fundamental en mi proceso durante el par de años que trabajamos juntos en el Laboratorio de la imagen y la palabra, junto con otros poetas y cineastas de diversas generaciones. Mis estudios de maestría en la Universidad Andina fueron también decisivos, pues tomé conciencia de que un verdadero trabajo literario no se conforma sino con su mejor versión. Algunos poetas vascos que conocí en Europa, antes de publicar Las naranjas y el mar, me enseñaron que si uno escoge el camino de la poesía, no puede ni debe abandonarlo. Hasta ahora me comprometen a seguir adelante, pues su quehacer es intenso y jamás lo abandonan.

¿Qué temas trabajas con mayor frecuencia en tu poesía?

Eso también se ha dado por edades. En Las naranjas… fue el tema del amor, inevitable a esa edad, pero muy mezclado con cuestiones ideológicas, también inevitables. En Llevo de la luna… el amor tomó un sutil tinte erótico, sin llegar a ser poesía erótica per se, y la ciudad se convirtió en el personaje principal. En Paisaje de sal entré de lleno en el tema de la muerte y, otra vez, como cuando tenía diez años, me dejé embelesar por la naturaleza en sus diversas formas pero, por sobre todo, la belleza y crueldad del mar ganaron la partida. Es un libro lleno de imágenes de agua, arena, muerte y ruptura. El amor, cuando aparece, lo hace desde su presencia prehistórica. Además, por primera vez, en dicho libro se trabaja el tema de la escritura misma, de la llegada de la poesía, como una presencia que tiene vida propia. En La pendiente imposible trabajo temas dolorosos y símbolos arquetípicos, pero no desde una visión mitológica, sino desde mis propias construcciones. Así, aparecen el padre, la madre, los ancestros (aunque éstos de manera muy sutil, casi sin ser nombrados). La distancia se vuelve el hilo conductor entre el destierro y el regreso. Actualmente le escribo a mi alma. Esa es la poesía que estoy trabajando al momento. Me sorprende su impavidez y quiero provocarla.

¿Qué necesitas para escribir un poema?

Tener acceso a mi alma.

¿Qué consideras que los siete autores de este libro tienen en común y qué de diferente para juntarse en un proyecto conjunto?

Creo que lo que tenemos de común y diferente es la misma cosa: el trabajar de manera personal, sin seguir cánones ni pertenecer a corrientes literarias en particular. La búsqueda solitaria de la expresión.

(Entrevista por Lucia Lemos a Marialuz Albuja, 2008)

 

 

Marialuz Albuja Bayas

 

SELECCIÓN POÉTICA

 

Tu cuerpo
despedazado por la multitud
entregado a los verdugos que no conocen el perdón a sí mismos
necesita que lo abraces como si fueras tu propia madre
la hija abandonada que no supo regresar del invierno
la amiga enterrada.
Sáciate con la dulzura que palparon tus labios
cuando una jovencita te sacó de su vientre
y te alimentó pausadamente entre sus brazos
mientras la luna cabeceaba detrás de la neblina
y en la distancia alguien
tal vez
encendía la radio.
Recuéstate bocarriba
-siempre fue hermoso el azul entrecortado por las copas de los árboles-,
escucha esa voz que jamás te dejó de llamar
(aún en los días amortiguados por las misteriosas pastillas
que ahora curan la tristeza).
Detén la insistencia de las palabras.

Enciende tu luz.

 

Serás agua
paisaje de sal
espuma regada en la arena.

Serás nada en la sombra que borra el deseo
y apaga tu huella en la tierra

color de alabastro
murmullo que rasga con su golpeteo
la piel de las piedras.

Serás lo que llevan escrito
las olas
la luz
la marea.

 

ALGUNA VEZ

Alguna vez
quién sabe si después
o antes
del amanecer.
Alguna vez
mientras en algún sitio un automóvil se detenga y alguien
/baje, sin mirarte.
Alguna vez
al finalizar una jornada de trabajo particularmente aburrida,
quién sabe si segundos antes de que la luna asome la cabeza
/tras los árboles
(su cuerpo habrá de estar siempre escondido)
o mientras las noticias den a conocer los más triviales hechos.
Alguna vez
quizá al comienzo de otra guerra
o en el descanso de las gradas que recorres cada día
sin notar que el pasamanos ya no aguanta
me habrás, por fin,
definitivamente
olvidado.

 

Te diré que llevo de la luna un rayo.
No tengo cráteres ni mares secos.
Sólo un relámpago que quiebra el viento
para llevarme lejos.

Después vendrá lo tuyo.
Lo que debió guardarse
sin malversaciones ni embustes.
Lo que debió recogerse de los escombros
para volar sin ser visto.

Lo que tenemos.
Lo que tuvimos.

 

Playa incienso
perfume
cobija de cobre
donde cabe la risa del agua.
Playa sola
de arena frondosa
de tesoro enterrado
cangrejo
canoa.
Dulce playa que atrapa el misterio
que de ofrenda ha tomado tu cuerpo.

 

Pude haber sido Ulises
Helena
Juan Bautista.

O esa mujer que baja despacito
abrazada a la canasta de penas.
O el payaso trapecista
con su caja de sorpresas.

O una loca de atar.
O un astillero.

O la Línea Equinoccial.
O algún planeta…

Pero me fue dado ser yo
y me estoy convirtiendo en serpiente.

 

Dijiste que te irías
que no ibas a buscarme
entre las tumbas del colegio
que no ibas a rodear mi cuello
con tus flores funerarias

que no ibas a quemar mis libros
que no ibas a romper mi poesía
que no ibas a violarme en el silencio
que he logrado construir lejos de ti
que no beberías
la sangre que corrió por mis piernas
cuando por primera vez
perdimos el camino a casa.

Dijiste que me ibas a olvidar.
Me lo juraste sin palabras.

Ahora tengo miedo de volver
y descubrir que acaso
sea cierto.

 

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