
![]() - Maríaluz
Albuja Bayas (Quito, 1972), en el pórtico de su sección,
llamada "Huella en la tierra", proclama como una especie
de poética: "ser siempre búsqueda", y
en su continua indagación en pos de un receptor imaginario
o real, parece a ratos monologar sobre las esencias de lo poético:
"enciende tu luz", "serás nada en la sombra",
"Pude haber sido Ulises, Helena, Juan Bautista". Los
dramas íntimos de la poeta, su búsqueda de la claridad,
su sentimiento de aniquilación, su sentido de universalidad
emergen en sus composiciones. - ... una
desgarrada intensidad en Marialuz Albuja Bayas. Ecos de Paul
Celan y del español Valente pueden advertirse en la exactitud
de uno de sus contundentes versos:
¿Cuáles son las motivaciones que te llevaron a escoger los poemas que seleccionaste para LA VOZ HABITADA?
¿Cómo empezaste a escribir y cuándo se dio el paso de principiante a trabajar de manera formal tus textos? Empecé a escribir desde pequeña, cuando comencé a sentirme embelesada por la naturaleza y arropada por la presencia de Dios, que era algo casi siempre intuido y, en ocasiones, evidente. Escribí mis primeros poemas a los 10 años, más o menos. Seguí siendo amante apasionada de la escritura, pero sin un trabajo formal, hasta los 22. Después, cuando terminé la universidad y vinieron los viajes, me di cuenta de que realmente quería ser escritora. Me puse a trabajar con exigencia, a desechar todo aquello que no me gustaba y, poco a poco, fui conociendo a poetas que han sido fundamentales en mi vida, como Xavier Oquendo, que me impulsó a publicar mi segundo libro y que siempre me ha motivado a seguir adelante. Él me introdujo en el mundanal ruido de los poetas, pues antes de eso, conocía a muy pocos de ellos. Ulises Estrella, muy crítico y, a la vez, alentador, fue fundamental en mi proceso durante el par de años que trabajamos juntos en el Laboratorio de la imagen y la palabra, junto con otros poetas y cineastas de diversas generaciones. Mis estudios de maestría en la Universidad Andina fueron también decisivos, pues tomé conciencia de que un verdadero trabajo literario no se conforma sino con su mejor versión. Algunos poetas vascos que conocí en Europa, antes de publicar Las naranjas y el mar, me enseñaron que si uno escoge el camino de la poesía, no puede ni debe abandonarlo. Hasta ahora me comprometen a seguir adelante, pues su quehacer es intenso y jamás lo abandonan. ¿Qué temas trabajas con mayor frecuencia en tu poesía? Eso también se ha dado por edades. En Las naranjas fue el tema del amor, inevitable a esa edad, pero muy mezclado con cuestiones ideológicas, también inevitables. En Llevo de la luna el amor tomó un sutil tinte erótico, sin llegar a ser poesía erótica per se, y la ciudad se convirtió en el personaje principal. En Paisaje de sal entré de lleno en el tema de la muerte y, otra vez, como cuando tenía diez años, me dejé embelesar por la naturaleza en sus diversas formas pero, por sobre todo, la belleza y crueldad del mar ganaron la partida. Es un libro lleno de imágenes de agua, arena, muerte y ruptura. El amor, cuando aparece, lo hace desde su presencia prehistórica. Además, por primera vez, en dicho libro se trabaja el tema de la escritura misma, de la llegada de la poesía, como una presencia que tiene vida propia. En La pendiente imposible trabajo temas dolorosos y símbolos arquetípicos, pero no desde una visión mitológica, sino desde mis propias construcciones. Así, aparecen el padre, la madre, los ancestros (aunque éstos de manera muy sutil, casi sin ser nombrados). La distancia se vuelve el hilo conductor entre el destierro y el regreso. Actualmente le escribo a mi alma. Esa es la poesía que estoy trabajando al momento. Me sorprende su impavidez y quiero provocarla. ¿Qué necesitas para escribir un poema? Tener acceso a mi alma. ¿Qué consideras que los siete autores de este libro tienen en común y qué de diferente para juntarse en un proyecto conjunto? Creo que lo que tenemos de común y diferente es la misma cosa: el trabajar de manera personal, sin seguir cánones ni pertenecer a corrientes literarias en particular. La búsqueda solitaria de la expresión. (Entrevista por Lucia Lemos a Marialuz Albuja, 2008)
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Tu cuerpo Enciende tu luz.
Serás agua Serás nada en la sombra
que borra el deseo color de alabastro Serás lo que llevan
escrito
ALGUNA VEZ Alguna vez
Te diré que llevo de la luna
un rayo. Después vendrá
lo tuyo. Lo que tenemos.
Playa incienso
Pude haber sido Ulises O esa mujer que baja despacito O una loca de atar. O la Línea Equinoccial. Pero me fue dado ser yo
Dijiste que te irías que no ibas a quemar mis libros Dijiste que me ibas a olvidar. Ahora tengo miedo de volver
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